Mensaje del Alto Comisionado Filippo Grandi con motivo del Día Mundial del Refugiado 2018

Hoy, Día Mundial del Refugiado, es un día para mostrar nuestra solidaridad con los refugiados y con las comunidades que los acogen. A medida que los conflictos estallan, se reabren, persisten y se agravan, 68,5 millones de personas están desplazadas en todo el mundo. Nueve de cada diez se encuentran dentro de sus propios países o en países vecinos y el impacto es enorme, tanto para los propios refugiados como para las comunidades que les abren sus puertas. Ahora más que nunca, ayudar a los refugiados debe ser una responsabilidad global y compartida. Es hora de hacer las cosas de otra manera.

Se está probando un nuevo modelo basado en la equidad, la justicia, así como en los valores y estándares humanitarios, que está dando resultados positivos. Tanto los países como las comunidades de acogida deben recibir un apoyo más sistemático y a largo plazo para poder asumir la tarea de ayudar a las familias desplazadas. Los propios refugiados necesitan ser incluidos en sus nuevas comunidades y han de tener la oportunidad de desarrollar su potencial. Además, se necesitan soluciones para ayudar a los refugiados a regresar a sus hogares cuando las condiciones así lo permitan o para reconstruir sus vidas en otros lugares. El Pacto Mundial sobre Refugiados, cuya adopción está prevista este año, tiene como propósito lograr estos objetivos.

Es fundamental contar con leyes y políticas adecuadas. Sin embargo, son los ciudadanos y las comunidades locales quienes se encuentran en primera línea cuando llegan los refugiados y cuya acogida puede marcar la diferencia entre el rechazo y la inclusión, entre desesperación y esperanza, entre caer en la marginación y construir un futuro. Es aquí donde comienza la responsabilidad compartida sobre los refugiados.

Vemos esta dinámica todos los días: en Beirut, en el Líbano; en Cox’s Bazar, Bangladesh; en Yumbe, Uganda; en Frankfurt, Alemania; en Lima, Perú; así como en innumerables pueblos y ciudades de todo el mundo. Son los hombres, mujeres, niños y niñas, las organizaciones locales y grupos religiosos, los profesores, los empresarios locales y las autoridades municipales quienes marcan la diferencia con su humanidad, apoyo y solidaridad.

Con frecuencia, estas comunidades también se encuentran marginadas, bien sea por encontrarse en áreas fronterizas aisladas o por estar desprovistas de recursos. En la gran mayoría de los casos, cuando llegan los refugiados, comparten con ellos todo lo que tienen movidos por la solidaridad y el sentido de la dignidad humana. Y cuando la gente une sus fuerzas, los resultados superan toda expectativa.

¿Quiénes son estos héroes cotidianos? Son seres humanos que saben lo que significa pertenecer a una comunidad y que están dispuestos a ayudar a otros a formar parte ella, ya sea tendiendo directamente una mano amiga o trabajando con ellos a través de iglesias o mezquitas locales, grupos escolares, equipos deportivos, cooperativas o grupos juveniles. Algunos de ellos han sido refugiados y saben lo que esto significa. Gracias a su generosidad, visibilizan el potencial de los refugiados y las infinitas oportunidades para ayudarles.

Ayudar a los refugiados a reconstruir sus vidas nos incumbe a cada uno de nosotros y debemos trabajar juntos para que logren lo que la mayoría de nosotros damos por sentado: educación, un lugar donde vivir, un trabajo, formar parte de la comunidad. Con el tiempo, el impacto de este apoyo tanto en las familias refugiadas como en quienes las acogen es enorme.

Este Día Mundial del Refugiado es el momento de reconocer la humanidad de todas estas personas y su acción. Es el momento de plantearnos el reto de comprometernos individual y colectivamente para acoger y apoyar a los refugiados en nuestras escuelas, barrios y lugares de trabajo. Aquí es donde comienza la solidaridad: con cada uno de nosotros.