Ginebra, Suiza / Junio 20 de 2017 (ACNUR ) El 20 de junio, en el Día Mundial del Refugiado, rendimos homenaje a la resiliencia y el coraje de los más de 65 millones de personas que se han visto obligadas a huir de la guerra, la persecución y la violencia. Pero este también es un momento para reconocer a aquellas comunidades y personas en todo el mundo que acogen a los refugiados y desplazados internos, ofreciéndoles un entorno seguro y recibiéndoles en sus escuelas, lugares de trabajo y sociedades.

Actualmente vivimos en un mundo en el que la incertidumbre abunda; la inestabilidad económica, la agitación política y la violencia que vivimos cerca de nuestros hogares pueden provocar que queramos cerrar nuestros ojos y nuestras puertas. Sin embargo, el miedo y la exclusión no nos pueden llevar a un mejor lugar, solo pueden crear barreras, alienación y desesperanza.

Llegó la hora de cambiar esta trayectoria para bien.

En un sinnúmero de comunidades en todo el mundo, incluso en los países más pobres, que acogen a la gran mayoría de las personas refugiadas, empresarios, comunidades religiosas, profesores, periodistas y muchos otros se están uniendo para brindar refugio a las personas desplazadas y promover su inclusión en sus sociedades.

En el trabajo del ACNUR, a menudo en la primera línea de los conflictos, día tras día podemos ofrecer testimonios del coraje, la tenacidad y la brillantez de las personas refugiadas.

A pesar de haber perdido sus hogares, sus empleos y en algunas ocasiones a sus familias, no se dan por vencidas, y encuentran una manera de empezar de nuevo. Esforzándose para pertenecer y contribuir, se acercan a sus nuevos vecinos, creando conexiones y construyendo nuevas oportunidades. Según nuestra experiencia, en el entorno adecuado, las personas refugiadas traen consigo soluciones, no problemas.

La inclusión requiere que abramos nuestras mentes, nuestros corazones y comunidades a los refugiados. Requiere un esfuerzo de toda la sociedad, que reúna a estudiantes, empresarios, atletas, activistas, líderes religiosos, políticos y artistas, para compartir las responsabilidades. Y la acogida de las personas refugiadas no puede darse a expensas de la ayuda que se brinda a los demás, sino que debe aumentar el apoyo a todas las personas que necesitan una mano.

Existen ejemplos excepcionales de esto en aldeas, pueblos y ciudades en países de todos los continentes. En formas grandes o pequeñas, comunidades en todo el mundo muestran su solidaridad #ConLosRefugiados y Desplazados, reconociendo que cuando las personas trabajan juntas, todos ganan.

Así que en el Día Mundial del Refugiado, cuando hagamos una pausa y contemplemos el destino de millones de personas que no pueden retornar a sus hogares esta noche debido a la guerra o la persecución, también será el momento para preguntarnos qué puede hacer cada uno de nosotros para superar la indiferencia o el temor y abrirnos a la idea de la inclusión para acoger a las personas refugiadas en nuestras comunidades y contrarrestar los discursos que buscan excluir y marginar a los refugiados y a los desplazados.

Porque cuando mostramos nuestra solidaridad #ConLosRefugiados y Desplazados, también mostramos nuestro apoyo al respeto y la diversidad para todas las personas.